Ausencia

April 10, 2017

Carolina es chilena, periodista y hace más de 20 años que convive con la epilepsia. En este relato describe con detalles y anécdotas su primer crisis de Ausencia, "el primer llamado de atención" 🚌   

 

Ausencia, Por Carolina Acevedo*

 

"Recuerdo que venía en micro desde Concepción a San Pedro, en esa época vivíamos en los Huertos Familiares, venía del centro donde me había reunido con unos amigos después del colegio.

 

La edad no la recuerdo bien, pero puede ser que haya tenido 11 o 12 años.

 

Venía sola y me subí como de costumbre en una Riviera del BioBio, que me dejaba a un par de cuadras de la casa. Era un recorrido de micro normal. Recuerdo poco del viaje, principalmente el miedo y la angustia, supongo. A minutos de subir a la micro en el paradero de O’higgins con Colo Colo, todo se puso confuso. No sabía dónde estaba, ni a dónde iba, tampoco quien era yo, fue como si de pronto y sin mediar aviso, me teletransportara a otra realidad. No sabía quién era yo, salvo que yo era yo, es difícil de explicar esta parte, era más bien una sensación.

 

Tenía ganas de hablar y pedir ayuda, sentía que necesitaba pedir ayuda, pero luego a quién, si no sentía que hubiera alguien más cerca, o creo que sí pero me provocaba mucho miedo siquiera hablarle a alguna persona. Luego me percaté que no sabía o no podía hablar, era como que comprendía mis emociones de manera instantánea pero sin lenguaje, como si hubiese olvidado de forma trágica el abecedario o quizá no fuese necesario en ese estado ningún tipo de idioma. Mis pensamientos tenían sentido, mas no idioma. ¿Será esta la sensación que tienen los bebés? ¿Querer comunicarse y no saber cómo?

 

"Todo se puso confuso. No sabía dónde estaba, ni a dónde iba, tampoco quien era yo, fue como si de pronto y sin mediar aviso, me teletransportara a otra realidad. No sabía quién era yo, salvo que yo era yo, es difícil de explicar esta parte, era más bien una sensación."

 

Tenía mis sentidos completamente alerta, sin embargo no recuerdo percepción física, más bien era como estar encerrada dentro de un cuerpo, sin estar consciente de tener uno, más bien encerrada en una realidad incomprensible, para observar todo desde unas diminutas ventanas, mis ojos eran el punto de escape, pero no sabía de qué manera poder abrir la salida de emergencia. Me sentía atrapada, mi corazón estaba muy acelerado, pero no lo sentía en el pecho, más bien yo era un todo palpitante. Terror y angustia encarnados.

 

Fue un recorrido eterno, en el que mi pensamiento era: “ojalá pase esto antes de llegar a mi paradero, que termine pronto”, sin saber hacia dónde iba, de dónde venía ni menos por qué debía bajarme en un punto específico, pero percibía que era de suma importancia hacerlo, era como si instintivamente supiera que debía bajarme en alguna parte, y que debía salir de este estado antes de llegar a ese olvidado e incierto destino.

 

Durante todo el tiempo sólo atiné a mirar por la ventana, estaba con la mirada fija hacia afuera, veía como pasaban a mi lado paisajes extrañísimos, completamente desconocidos, no lograba encontrar nada que me fuera familiar, era como si estuviera viendo y viviendo esta situación por primera vez en mi vida. La angustia crecía y crecía, me sentía sola y desamparada, en un Mundo que no comprendía. Lo extraño es, que sabía, o al menos intuía que estos caminos los había transitado en más de una ocasión, es más era un recorrido que había hechos muchas veces, sola y acompañada, y no lograba comprender por qué no reconocía nada. Lo extraño es que nunca me planteé  la posibilidad de un error de recorrido, es más creo que ya ni siquiera tenía claro que estaba sobre un vehículo, mi realidad había desaparecido.

 

"era como estar encerrada dentro de un cuerpo, sin estar consciente de tener uno, más bien encerrada en una realidad incomprensible, para observar todo desde unas diminutas ventanas"

 

De repente, de la nada y casi como un milagro (aunque en esa época no creía en milagros), el velo se levantó, una cuadra exacta antes de llegar a destino, volvía la realidad, sabía quién era, cómo hablar nuevamente, y que ya era momento de bajar del micro. La angustia bajó un poco, el corazón se desaceleró, fue como despertar de la peor de las pesadillas.

 

 

 

Me puse de pie y pedí bajarme como de costumbre en el paradero frente al negocio de Don Pablito. Caminé en dirección a mi casa, pensando  ¿qué fue eso?, ¿qué me pasó?, el desconcierto y la sensación de estar aterrizando en una realidad conocida, pero que no era propia me acompañó en este tramo final. ¿Será que lo imaginé? ¿Fue esto real?.

 

Físicamente no sentía nada fuera de lo normal, salvo una ligereza en la cabeza, quizá un leve dolor nada más. Estaba muy confundida, aún un poco asustada, sin embargo no quise contar nada, a nadie cuando llegué a casa, ni a mi familia ni a mis amigos. Quizá por miedo o vergüenza, no lo tengo claro, probablemente no me creerían o pensarían que los estaba tonteando. Honestamente parecía un sueño, del terror, pero un sueño, muy extraño.

 

Por el tiempo que sé que dura este trayecto entre Concepción y San Pedro, al menos en esa época, puedo ahora decir que mi primera ausencia duró aproximadamente entre 10 y 15 minutos. Sí efectivamente esa fue mi primera crisis de ausencia, el primer llamado de atención, que como muchos más que vinieron no tomé en cuenta, al menos por un año más, hasta mi primer encuentro con la Nada y el Todo.  La acumulación de Ausencia me llevó a la Nada y el Todo, concluyo.

 

 

Carolina Acevedo

Junio 2016

 

 

*Acerca de la Carolina

 

Carolina es periodista y emprendedora de Concepción, Chile. Se formó en comunicaciones, por lo que tiene un Diplomado en Coaching Organizacional y un Master en Dirección De Comunicaciones. Hace siete años se dedica a la docencia en temas de desarrollo de habilidades blandas y desarrollo humano y está trabajando hace más de un año el emprendimiento "Amigo Legal", una plataforma web que explica las leyes de manera simple y conecta a asesores legales (que se encuentra en etapa de prototipo).  Además, es voluntaria de la ONG Girls in Tech Chile.

Cuando Carolina tenía trece años, le diagnosticaron Epilepsia Mioclonica Juvenil, ahora con treinta y siete años, cuenta sus historias. 

 

 

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Referencias

 

Imágenes:

- favim.com

- pexels.com

 

 


 

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